Gabriela Ruiz
Amplios sectores de la ciudad continúan afectados, las acciones municipales son casi nulas
Pobladores han bloqueado accesos a la ciudad y la avenida principal para que desazolven sus drenajes
Poza Rica de Hidalgo, Veracruz. – A un mes de la tragedia, pozarricenses han retornado a sus casas, muchas, aún, entre lodo y bajo una nube de polvo amarillento.
En los noticiarios nacionales la catástrofe, los muertos y los desaparecidos el 10 de octubre pasado, han sido superadas por otras desgracias, principalmente el asesinato del presidente municipal de Uruapan, Michoacán, Carlos Alberto Manzo Rodríguez, que sacudió a México no solo en redes, sino en las calles de diversos puntos de la república con marchas y manifestaciones de repudio ante la petición de ayuda del entonces presidente y la inacción de las autoridades; después, el por demás increíble acoso a Sheinbaum y la reunión de la presidenta que recibió a Grecia Itzel Quiroz García, viuda de Manzo, ahora presidenta municipal sustituta de Uruapan.
Todo lo anterior le cayó «como anillo al dedo» a la gobernadora Rocío Nahle, -quien, por cierto, en estos días, se aumentó el sueldo, seguramente por las jornadas extenuantes de trabajo con los zapatos limpios en la emergencia- para salir del foco ante las numerosas críticas de ciudadanos y políticos. Ella ha minimizado, incluso denostado, todas y cada una de ellas con derroches de soberbia que, lejos de aplacar las críticas, las sostiene.
Ayer, la gobernadora publicó un video en su cuenta personal de Facebook, con un texto en que destaca que la «Poza Rica está de pie gracias al trabajo unido de todos». Lo cierto es que el pueblo de México se volcó en ayuda para los afectados, ayuda que, esperamos, siga fluyendo, porque quienes perdieron todo la necesitan.
Personal, maquinaria y camiones de la Ciudad de México y de diversos estados se han retirado.
Pero aquí hay colonias, como la Palma Sola, que siguen a oscuras por las noches, con escombros en las calles, y un lodo espeso y maloliente concentrado en varios puntos, o como Las Gaviotas, con calles desoladas, cuyos ocupantes intentan volver a la que ya no será su vida de antes.
Las autoridades municipales poco han hecho para limpiar las zonas que les corresponden y al parecer así se quedarán, porque convenientemente les queda un mes de gestión.
El Ejército y la Marina se han retirado, cumplieron su labor, recogieron, limpiaron, ordenaron, alimentaron e infundieron fuerza a quienes padecen la desgracia de perderlo todo y enfrentar un futuro incierto entre dádivas y promesas de reubicación, de entrega de enseres y más recursos.
Sin temor a equivocarme, la ciudadanía agradece las muestras de solidaridad de organizaciones y bienhechores que han donado, el valioso apoyo de las fuerzas armadas y la ayuda de pozarricenses, sobre todo jóvenes, que han ayudaron hasta el cansancio en labores de limpieza.
Para quienes perdieron sus pertenencias en la tragedia, mi solidaridad, y mi pésame para quienes perdieron a familiares o amigos.
