diciembre 13, 2025

Gabriela Ruiz

Mientras Rocío Nahle sostiene en entrevistas que los trabajos de limpieza han avanzado un 65, 70 %, la realidad nos avasalla y la contaminación nos acecha.

Poza Rica de Hidalgo, Veracruz. – Lo ocurrido en la zona norte del estado no es poca cosa. Ha pasado más de una semana de la tragedia, y pese a las declaraciones de la gobernadora que sostuvo en un noticiario -a nivel nacional- que falta «un 25-30 % por limpiar», aquí la realidad nos grita lo contrario.

Sí, entendemos la magnitud del desastre. Era, hasta hace unos días, impensable que gran parte de la otrora «capital petrolera de México» resultara con tal destrucción.

El agua llegó con fuerza y derribó paredes, arrastró camiones, destruyó comercios, anegó domicilios y causó terror y muerte, gran parte de Poza Rica es, literalmente, zona de guerra.

Vías, establecimientos y colonias que veíamos en nuestras actividades cotidianas no volverán a ser las mismas. Se antoja surrealista el hecho de ver un taxi y a lo lejos una camioneta de Pemex en el cauce de un arroyo sin mayor caudal.

El olor a podrido es fuerte en las áreas de mayor afectación y la nube de polvo se observa a simple vista donde el lodo ya se ha secado, lo que nos obliga a usar cubrebocas.

En diversas colonias se ha esparcido cal en un intento por evitar los focos de infección mientras marinos y militares continúan trabajando, además de miles de ciudadanos y organizaciones que siguen apoyando con limpieza, enseres, ropa o alimentos a familiares, amigos y desconocidos en desgracia.

Sin embargo, en cadena nacional, la gobernadora Rocío Nahle dijo:
«Vamos muy rápido en lo que es la limpieza, si no hubiera tenido la ayuda de la federación con el Ejército, con la Marina, con toda la maquinaria… no hubiéramos podido tener las condiciones que tenemos ahorita. Ahorita yo creo que estamos como a un 65, 68 por ciento de lo que ya levantamos, nos falta un 25, 30 %, pero hay que continuar» (claro, sin perder la oportunidad para lisonjear a la presidenta Sheinbaum).

Aquí hay dos posibilidades: o la gobernadora miente deliberadamente o alguien no le da «los otros datos». En cualquiera de los casos referir un avance de esa dimensión es una burla para todas las personas que aún padecen los estragos de la tragedia.

Este lunes, en un recorrido por las inmediaciones de la Central Camionera en la colonia Palma Sola -y colonia Las Granjas- la cantidad de lodo y desechos sigue impresionando.

Por un lado, causa una gran tristeza, y por el otro, da satisfacción que un nutrido grupo -sobre todo de jóvenes- continúa con las labores de ayuda.

Sin duda el reto es enorme, porque a la par de la limpieza, hay brigadas de Salud ofreciendo vacunas contra tétanos y otros padecimientos, pero a corto y mediano plazo hará falta acompañamiento psicológico para quienes lo perdieron todo, sufrieron la zozobra de estar en peligro y perdieron a familiares o amigos en tales circunstancias.

Hacer declaraciones es fácil, lo difícil es apegarlas a la realidad, porque hay lugares a donde es imposible el acceso de maquinaria pesada, y aún hay calles interminables con enormes montones de basura: muebles, ropa, colchones, y todo bañado en lodo maloliente.

Para colmo de males, la noche del domingo y madrugada del lunes, se registró un fuerte aguacero que ocasionó inundaciones en las áreas más bajas donde el trabajo será titánico, por decir lo menos.

¿Las declaraciones de Nahle estarán encaminadas a decir, en unos días más, que ya todo está limpio para no continuar con los trabajos? Ojalá no sea así. A estas alturas del partido, las mentiras institucionales pueden dejar a Poza Rica peor de lo que ya estaba.

Y así, mientras la gobernadora dice que falta por limpiar «un 25, 30 %». La gente camina entre lodo y escombros sacando basura, llevando alimentos, tratando de volver a sus vidas.

Aquí no queda más que recordar al Papa Francisco cuando dijo: «Dios perdona, el hombre a veces, la naturaleza nunca» y, por desgracia, una vez que pasa, puede volver a ocurrir.

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