|ANTÍTESIS|
Por: Gerardo Rosales Miranda
El pasado martes 8 de abril, el gobernador Américo Villarreal designó a Miguel Ángel Valdez García como nuevo titular de la Secretaría de Educación de Tamaulipas, en sustitución de la politóloga de la UANL Lucía Aimé Castillo Pastor. Hoy, el nuevo secretario de educación tiene un gran reto que cumplir el cual se puede resumir en una sola frase “saldar la deuda educativa que tiene el gobierno con la juventud”.
La educación en Tamaulipas atraviesa una crisis silenciosa que compromete el futuro de miles de jóvenes. A pesar de ser un estado con alta relevancia geoestratégica, su sistema educativo refleja carencias estructurales profundas. De acuerdo con datos de la misma Secretaría de Educación de Tamaulipas, más de 100 mil niños y jóvenes no están inscritos en ningún nivel escolar. Esta cifra revela no solo exclusión, sino el fracaso de las políticas públicas para garantizar el derecho básico a aprender.
La cobertura educativa en zonas rurales sigue siendo limitada. Municipios como San Carlos, Miquihuana o Bustamante presentan tasas alarmantes de deserción escolar. SI bien el abandono escolar no es un fenómeno nuevo: los altos niveles de inseguridad, pobreza y migración interna han provocado una caída drástica en la matrícula, sobre todo en secundaria y bachillerato. En muchas comunidades, simplemente no hay escuelas cercanas o transporte suficiente.
En términos de calidad, los resultados son igualmente preocupantes. Conforme a las evaluaciones aplicadas por el INEE y retomadas por el CONEVAL, los estudiantes tamaulipecos tienen niveles bajos de comprensión lectora y razonamiento matemático. En pruebas como PLANEA de 2019, más del 60% de los alumnos no alcanza los niveles mínimos de competencia. Estas deficiencias impactan directamente en sus oportunidades futuras de empleo y educación superior.
La infraestructura escolar es deficiente en amplios sectores del estado. Aunque se han hecho esfuerzos por rehabilitar planteles, muchas escuelas siguen sin techos adecuados, baños funcionales o acceso a internet. Durante la pandemia, el abandono de escuelas rurales fue tal que en 2023 más de 200 planteles quedaron prácticamente inutilizados. Sin conectividad, sin aulas dignas, y sin recursos, la escuela desafortunadamente se convierte en un espacio hostil para aprender.
Los docentes son pieza clave, pero su situación es frágil. Muchos profesores en Tamaulipas trabajan bajo contratos eventuales, sin certeza laboral, y con cargas excesivas. A pesar del aumento salarial anunciado por el gobierno federal, el sindicato magisterial encabezado por Arnulfo Rodríguez advierte que el salario promedio no alcanza para cubrir la canasta básica en zonas urbanas. La falta de incentivos y formación continua debilita el rol del maestro como guía y motor del aprendizaje.
En educación media superior, uno de cada tres estudiantes abandona antes de concluir. Las razones son múltiples: necesidad de trabajar, embarazo adolescente, inseguridad, desplazamientos forzados por violencia. En los municipios de la frontera, el fenómeno se agrava por el tráfico escolar con fines migratorios, se tiene noticia de que menores son sacados del sistema educativo para cruzar hacia EE. UU.
Por su parte, las políticas educativas han carecido de visión a largo plazo. Se han privilegiado programas clientelares como la entrega de mochilas o útiles escolares, en lugar de invertir en proyectos estructurales: mejores salarios, nuevas tecnologías, transporte escolar, alimentación y atención psicosocial. La burocracia educativa absorbe buena parte del presupuesto, mientras que las necesidades más básicas de estudiantes y maestros siguen sin resolverse.
La educación en Tamaulipas no puede seguir siendo una promesa incumplida. Es el único camino para disminuir la violencia, reducir la pobreza y generar desarrollo sostenible. Si el estado no apuesta por una transformación profunda y urgente de su sistema educativo, condenará a la juventud a un futuro de precariedad y exclusión.
La educación no es un gasto: es la inversión más poderosa que una sociedad puede hacer. Es necesario asumir con seriedad que, sin una inversión constante y estratégica en educación, Tamaulipas seguirá enfrentando rezagos sociales y económicos. Se requiere un compromiso firme para fortalecer las políticas educativas, mejorar la infraestructura, capacitar al personal docente y garantizar el acceso equitativo a la enseñanza. Posponer esta tarea solo profundiza las brechas existentes y limita las oportunidades de desarrollo para la población.
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