junio 21, 2026

Camaleón

Por: Cuco Miranda

La corrupción en el mundo moderno alcanzó una dimensión tan compleja que muchos la consideran una suerte de arte refinado. Al igual que en cualquier disciplina artística, se requiere destreza, dedicación y, por supuesto, un gran talento  para lograrlo con maestría.

Para aquellos que desean adentrarse en este fascinante universo, aquí en “Firme Noticias”  les presento una guía rápida, no para fomentar el acto ilícito, sino para ilustrar el sutil, aunque oscuro, dominio de esta práctica. Les advierto que adentrarse en este laberinto tiene sus riesgos; en cualquier momento, el aparente camino fácil y rápido  de la corrupción podría convertirse en un sinuoso sendero  lleno de abismos, donde puedes caer y perderlo todo.

El primer paso para ingresar al club de los corruptos ilustres y rete recordados por la sociedad tamaulipeca es elegir tu especialidad. ¿Prefieres el soborno clásico, el desvío de fondos públicos o tal vez el tráfico de influencias? Es como escoger un instrumento en una orquesta sinfónica: cada uno tiene su sonido particular, y cada uno se toca en tiempos específicos.

Si eres de los que disfrutan el encanto de la diplomacia, el tráfico de influencias es ideal para ti. Si prefieres algo más rudo, el soborno se acomoda mejor a tu estilo. Y si lo tuyo, lo tuyo, lo tuyo es la estrategia, el desvío de fondos públicos debe ser tu decisión. Cualquiera de estos tres caminos te llevará lejos, pero debes aprender a dominar los pormenores con destreza. Después de todo, un error, por pequeño que sea, puede costarte muy caro… y no hablo solo de dinero, sino de tiempo en prisión, escarnio público, sufrimiento de tus  familiares, ser inhabilitado para ejercer cualquier cargo público.

El segundo paso, y uno de los más importantes, es cultivar tus contactos. En el arte de la corrupción, no puedes hacer todo por ti mismo. Necesitas cueste lo que cueste, ser muy amigo  de quien ostenta poder político; tendrás  acceso a contratos gubernamentales, información privilegiada, cargo y por ende presupuesto público a tu disposición, además de  toda la parafernalia de ser amigo de los que tienen el poder en turno.

Ahora, hablemos del disimulo, un ingrediente esencial en el arte del desvío de recursos públicos. La discreción es el arte mayor de los corruptos: nunca dejes que te vean hacer lo que realmente estás haciendo. La habilidad de hablar en clave, utilizar testaferros y ocultar riquezas en paraísos fiscales es lo que separa a los amateurs de los grandes maestros. Es como jugar al escondite con la justicia: el que se esconda mejor es el que gana. Y si alguna vez eres atrapado, siempre puedes recurrir al viejo truco de «yo no fui, fue tete, tin marin de don pingue». En el fondo, todos en este mundo tienen un as bajo la manga, y a veces ese “as” es la habilidad de desaparecer pruebas.

Considera que uno de los pilares fundamentales en este mundo gansteril… es la labia. Si no sabes cómo hablar, ¿cómo vas a justificar lo injustificable? Aquí, ser un maestro de la persuasión es vital. Tu trabajo no solo consiste en robar dinero; también debes asegurarte de que los demás sigan creyendo que eres un ciudadano ejemplar. Prepara una decena de frases que te separen de los corruptos… tal como aquella frase “No somos iguales”  que repitió mil veces el viejo lagarto.

Por último, nunca olvides la importancia de la filantropía. Recuerda bien, nadie está por encima de la crítica, especialmente cuando tu riqueza proviene de fuentes dudosas. La mejor manera de limpiar tu imagen es pedir favores y  agradeciendo favores, si te mandan a censurar columnas, debes agradecer patrocinando a los medios informativos amistosos y por supuesto, construir fraternidades que sepan cómo defenderte en momentos de infortunio.

No hay nada como una buena pluma que sepa escribir, argumentar e investigar hasta por debajo de las piedras, eso te ayudará a limpiar con harto jabón tu manchada imagen. Si tu cuenta bancaria está llena de ceros, no se te olvide quitarle un cero e invertir en una buena campaña publicitaria que te haga parecer el «salvador» de los más necesitados.

Y por supuesto, como en cualquier arte que se respete, hay algunos consejos adicionales que no puedes olvidar. Nunca dejes rastros. Los documentos, los correos electrónicos, las conversaciones y hasta las huellas dactilares pueden ser tu perdición si no eres cuidadoso.

Si el testigo incómodo está demasiado cerca, simplemente «haz comercio». En el mundo de la corrupción, es mejor tener “lealtades compradas… que lealtades juradas”. Y, por supuesto, recuerda que la traición es parte del juego: no confíes ni siquiera en tus cómplices, porque al final, el verdadero maestro en este arte es el que sabe ser traidor… sin que nadie lo sepa.

Finalmente, disfruta de tu riqueza. No hay nada más satisfactorio que ver cómo tu cuenta bancaria crece, tu mansión se llena de electrónica de alta gama, tu congelador repleto de cortes finos y tu calle adornada con autos de lujo, eso seguramente alimenta tu ego y  te da la oportunidad de presumir ante el pequeño pueblo donde naciste.

Quieres vivir como un rey, ¿verdad? Sólo considera  que a veces esos reyes terminan como huéspedes del Holiday Inn de Tamatán, ahí frente a la parroquia San Isidro. Si decides adentrarte en este mundo, asegúrate de hacerlo con estilo, porque si bien el camino puede ser altamente peligroso, las recompensas son indiscutibles.

Siempre recuerda: lo que hagas en las sombras, puede salir a la luz ya sea por un columnista aficionado, por un testaferro traidor, por un burócrata honesto o envidioso, por una víctima de tu corrupción… ¡pero no te aflijas, también puedes contratar a un buen abogado  que te saque del mismísimo caldero!

Desde aquí le enviamos un cordial saludo al Inspector Mordaza.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *