Camaleón
Por: Cuco Miranda.
Después de 10 años de haber dejado el noble oficio de atizar políticos, hoy, 28 de enero, regreso con toda la energía que un hombre de 80 años puede tener, una energía digna de quien ha sobrevivido a las iinjusticias de la política y el poder. No tendré filtros, ni miedo, ni consideraciones hacia los «elles», «ellas» y «ellos», que tanto se afanan en redefinir la realidad… mientras nuestro querido Tamaulipas se desmorona.
Una vez más, el creador me liberó, salí de la cueva donde, como buen prisionero, solo veía sombras proyectadas por la hoguera de la desinformación, creyendo que esas sombras eran verdades absolutas. Ahora, mi único castigo es buscar la luz de la verdad, sin importarme el costo ni el lugar en el que se oculte, porque ya no hay tiempo para vivir en las mentiras ni tolerancia que las soporte.
En 10 años pasó un sexenio, varios trienios; hay nuevos rostros que juegan a ser poderosos, que viven de rentabilizar su lazo consanguíneo. Todo cambia para seguir igual. Los priistas de antes, ahora son morenos; los Barman se han convertido en presidentes municipales, las sobrinas en diputadas, el prestamista en dueño de todo nuesto dinero, tres partidos han gobernado sin que el Holiday Inn de Tamatán tenga un nuevo huésped distinguido.
En 10 años sucedió lo que se veía venir: el poder político surgido del voto popular se entremezcló con el poder de facto. La democracia transita plácidamente por la aristocratizante monarquía. Los pillos siguen pillando. Nuestros pueblos siguen abandonados y sus gobernantes gozando. No avanzamos, pero retrocedemos. El viento sopla con fuerza, pero la arena permanece inmóvil; nada cambia, todo sigue igual, tal parece que la voluntad y el trabajo no han sido suficientes, solo queda la esperanza … aunque percibimos que ya no se pudo.
Para los que no saben leer entre líneas, se lo explicamos con manzanitas… como fue antes, es ahora, seremos los intérpretes, no transmisores, del lenguaje del preciso. Nuestra misión es desatar los nudos del poder, esclarecer, proponer, desmascarar, y como lo dijo hace 10 años nuestro amigo el tío Alberto Guerra, usaremos el índice de fuego para señalar al corrupto sin olvidar el humor negro.
Si ya saben quién soy, no se lo cuenten a nadie, guarden el secreto. No vengo por fama, ni por dinero —saludos, Doña Inés— vengo porque quiero y porque quiero vengo. Nadie me paga, ni me patrocina, no pertenezco ni me pertenezco, no volveré a donde me invitan y se portan groseros —saludos, Zedong—.
Solo aquí, en Firme Noticias, escribiré.
Atentamente:
El genio tenebroso.
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