abril 3, 2026

|Semillas|

Por: Aracelí Esqueda Sanchez

Pensando en esta época que estamos viviendo y reflexionando un poco sobre qué es la fe y por qué la tenemos, llego a la siguiente conclusión: la fe, según mi religión, es creer en aquello que no se ve, que no se puede tocar, pero que sí se puede sentir. Nosotros la definimos más o menos así, en palabras simples. Por fe creemos, por ejemplo, en Dios, ese Dios Padre que todo nos da, que nos ama por sobre todas las cosas. Al menos yo creo que Dios es así: un gran papá.

También, por ejemplo, creemos en la Virgen, a quien llamamos Madre de Dios, y decimos que siempre está para escucharnos e interceder por nosotros. En México, en particular, creemos en la Virgen de Guadalupe y le damos el título de Madre nuestra, de este pueblo mexicano.

Tener fe es creer. ¿Y por qué creemos? Puede ser por educación, por cultura o por religión. Somos un país de fuertes tradiciones, donde la familia siempre es lo más importante, y, sobre todo, somos un pueblo religioso por naturaleza. Por eso, tener fe es fácil para muchos de nosotros.

Sin embargo, usted puede creer en lo que su imaginación le permita, porque a veces el corazón nos impulsa a creer en lo más increíble. Y es válido, porque la fe es algo personal. No puedo compartir mi fe, no puedo «pasarle» un poco de ella a otra persona. La fe se vive de manera individual, basada en lo que nuestro libre albedrío nos permite.

El punto es creer. Creer con toda nuestra mente, con nuestro corazón y con nuestras acciones. Si hoy siento que mi fe está decayendo, me levanto, me sacudo y vuelvo a creer. ¿En qué? En lo que usted decida creer, siempre cuidando de no dañar a los demás ni de imponer sus creencias. Recuerde: el libre albedrío.

Después de reflexionar sobre esto, surge una pregunta: si tengo fe y creo en Dios, en la vida, en el universo, en las personas, en la sociedad, en el amor, en la familia, en los amigos y en tantas cosas… entonces, ¿por qué no creo en mí?

Reflexionar sobre uno mismo es más difícil de lo que parece. Toca fibras que duelen, porque implica aceptar errores, analizar en qué nos hemos equivocado y cómo podemos remediarlo. Se trata de hacer un alto, de decir: «Espera, por ahí no es. Regresa y vuelve a empezar». En esta vida, todo es volver a empezar.

He llegado a entender que creer en mí misma, en lo que puedo hacer o no, muchas veces depende del grado de aceptación que los demás tengan hacia mí. Aunque sea inconsciente, busco ser aprobada por otros. Sentir que lo que hago agrada provoca en mí una sensación de bienestar. No creo que esté mal buscar esa aprobación, porque, al final, somos parte de una sociedad que funciona mejor cuando todos sus engranajes trabajan en armonía. Sin embargo, esa aprobación no debe definir quién soy como persona.

Otro factor que complica el creer en mí son las redes sociales, porque me llevan a compararme con los demás: el mejor peinado, las mejores uñas, el vestido perfecto, los viajes o las fiestas constantes. Esa comparación puede ser positiva si me impulsa a trabajar por lo que quiero, pero también puede ser dañina si se convierte en una obsesión. Es importante agradecer lo que ya tenemos, porque, si no lo hacemos, no vivimos ni disfrutamos realmente.

Además, muchas veces basamos nuestra autoestima en lo que los demás esperan que seamos. Este error es común en las familias, donde el padre que es médico desea que su hijo también lo sea, o que sea abogado o empresario. Este tipo de imposiciones no hace feliz a nadie: ni a quien las cumple ni a quien las exige. Crecer con ese peso rompe la conexión entre ambos y fomenta el deseo de ser simplemente uno mismo.

Creer en uno mismo es un desafío porque muchas veces no tenemos un objetivo claro. No sabemos qué nos gusta, qué queremos hacer ni hacia dónde queremos ir. Si, además, arrastramos tradiciones que nos enseñan a poner primero los deseos de los demás o preferimos la comodidad de que otros piensen por nosotros, el camino se complica. No contamos con una educación que fomente creer en nosotros mismos, que nos diga que pensar en uno mismo no es egoísmo, que nos enseñe a trabajar para vivir plenamente y no solo para sobrevivir.

Sin embargo, quienes creemos en algo o en alguien tenemos ejemplos que nos inspiran a creer en nosotros mismos. Sabemos que podemos hacer lo que sea, llegar hasta donde queramos y vivir en la libertad del amor, la felicidad y la realización personal.

Yo siempre comparto un ejemplo en la comunidad donde sirvo: si me toca barrer, lo hago con el corazón, como si fuera la mejor barrida que se ha visto. Si me toca arreglar algo, doy mi mejor esfuerzo. Hago esto porque sé que mi trabajo es una expresión de amor hacia un ser superior.

Para creer en uno mismo, es necesario reflexionar: ¿qué me ayuda a crecer? ¿Qué me impulsa a dar lo mejor de mí? Recordemos que somos seres perfectibles: podemos intentar y trabajar cada día para ser mejores.

Sé que suena fácil, pero el camino es duro. A veces queremos abandonarlo. Sin embargo, si ya estamos aquí, hagamos nuestro mejor esfuerzo para ser la mejor versión de nosotros mismos. Créetelo: somos valiosos y únicos.

Si creo en Dios y soy su hijo, entonces soy hecho a su imagen. Es decir, tengo sus cualidades, su ADN, porque es mi Padre. Y si Dios es perfecto, ¿por qué habría de detenerme? No hay obstáculo que no podamos vencer.

Lo único que puede detenernos está en nuestra mente. Como decía Santa Teresa, «la loca de la casa». Pero incluso esa loca puede aprender. Podemos enseñarle pensamientos positivos, a disfrutar cada día, a apreciar lo pequeño y a vivir plenamente.

Vivamos sabiendo que somos dueños de nuestro mundo. Este mundo puede ser mejor si trabajamos en ello. Creer en nosotros mismos nos permite transformar nuestra vida y crear un lugar mejor. Cada vez que respiramos, es porque alguien creyó en nosotros. Así que también es momento de creer en nosotros mismos.

No será fácil, pero al final, mirarnos al espejo será más sencillo, porque veremos en nosotros a personas renovadas y transformadas por el poder de creer en uno mismo.

correo electrónico: raesqueda06@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *