mayo 2, 2026

El Idiario de Romy

Por Romy Rodríguez Castillo

Querido lector, las palabras que emites tienen el poder de resolver situaciones, problemas, también tienen el poder de emocionar o ponerte triste hasta bajarte la guardia.
Un psicólogo norteamericano, William James, dice: “Eres tú, con tu forma de hablarte cuando te caes el que determina si te has caído en un bache o en una tumba”.
Ahora imaginemos cuando se dicen palabras altisonantes, de maldición a un hijo, niño, o a quien sea, eso no es nada agradable.
Las escritoras, dicen en Lucas 6:45
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Es necesario que hable con amor a los hijos, a la esposa, al esposo, a los padres, a toda persona con la que se comunique.
El poder de la palabra tiene un fuerte impacto en todo ser humano.
Mateo 15:11 “Lo que contamina a una persona no es lo que entra en la boca, sino lo que sale de ella”.
Todas las palabras producen un efecto, como: estrés, salud mental o física.
Se dice que, si nos dirigimos a las personas con un lenguaje positivo, puede influir en la liberación de buenos sentimientos neurotransmisores y esto, promovería el bienestar social.
Es importante que cuide lo que habla porque entonces, una palabra cambia lo que haya que cambiar, añade lo que tiene que añadir.
Las palabras buenas siempre van a traer los mejores ingredientes, para que se manifieste lo que Dios ya dijo, lo que ya prometió.
Proverbios 13:3 “El que guarda su boca guarda su alma, pero el que mucho abre sus labios acaba en desastre”.
Así que, cambia las palabras malas que emites, para que no sean semillas que fructifiquen en lo malo.

Isaías 55:10
Dios dijo: “La lluvia y la nieve bajan del cielo, y no vuelven a subir sin antes mojar y alimentar la tierra. Así es como brotan las semillas y el trigo que comemos”.
Cuando te acercas a Dios, buscas de él, te profetiza, te da un destino nuevo, cambia tú vida con una palabra.
Una palabra de Dios, tiene el poder para darte lo que necesitas, o quitarte lo que te estorba.
Hoy en día los seres humanos creen más en lo que el mundo les da, en lo material; que en una palabra de parte de Dios.
La Biblia nos habla del profeta Eliseo, quien emitió una palabra para resolver el problema que estaba viviendo la Sunamita.
Está mujer casada, con varón ya grande de edad no tenía hijos, pero el profeta emitió una palabra, y le dijo: 2 Reyes 4:16
“El año que viene, por esta fecha, ¡tendrás un hijo en tus brazos! ¡No, señor mío! exclamó ella. Hombre de Dios, no me engañes así, ni me des falsas esperanzas.”
Y así sucedió, la Mujer Sunamita recibió su milagro.

Una palabra hablada sobre tú vida, genera bendición o maldición.
Cuidado con lo que hablas, cuando tengas la oportunidad de recibir una palabra de parte de Dios, tómala, créela, abrázala, porque se cumplirá.
Isaías 40:8
“La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre “.
Y cuando alguien diga palabras nada edificantes a tu vida, reprenda, cancele la palabra y ore por esa persona, Dios tomará el control.
Dios es fiel, y siempre va estar contigo.
Santiago 3:10-11 De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?

Efesios 4:29 “No digan malas palabras, sino palabras que ayuden y animen a los demás, para que lo que hablen le haga bien a quien los escuche”.

Bendiciones abundantes

romysat@hotmail.com

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