abril 30, 2026

Por Gerardo Rosales Miranda.

Nuestro país se encuentra en una tormenta de opiniones, tanto de triunfalistas como de catastrofistas, que nos invitan, queramos o no, a reflexionar sobre el futuro del país.

Por un lado, se nos convoca a tener confianza en el gobierno de Claudia Sheinbaum; sus proselitistas nos invitan a percibirla como una científica, con gran apoyo popular, de carácter fuerte y continuadora de lo que se ha denominado la Cuarta Transformación.

Por otro lado, se nos advierte de la existencia de un nuevo régimen que viene a destruir las instituciones que hemos construido en los últimos treinta años; entre ellas, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), que frenó los abusos de las compañías telefónicas; el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), que obligó a los gobiernos a dar información sobre sus grandes fraudes; y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), una institución dedicada a informar con objetividad sobre los éxitos o fracasos de la política social a través de la medición de la pobreza.

Además, uno de los más alarmantes cambios estructurales que MORENA se ha propuesto modificar es nuestro sistema electoral. La intención de modificar leyes que han permitido elecciones transparentes y competitivas genera preocupación entre amplios sectores de la población y expertos en la materia. Esta situación lleva a cuestionar la solidez de la democracia en el país y si realmente estamos ante un avance hacia la inclusión y la justicia social, o si, por el contrario, estamos retrocediendo hacia prácticas autoritarias nunca antes vistas en nuestro país.

En este contexto, es fundamental analizar las tensiones que surgen entre la promesa de un nuevo proyecto nacional y la defensa de los logros democráticos. La polarización de opiniones no solo refleja el debate interno, sino que también es un espejo de las divisiones que existen en la sociedad mexicana. Las redes sociales y los medios de comunicación juegan un papel crucial en la amplificación de estos discursos, generando un ambiente donde la desconfianza puede prevalecer sobre la cohesión social.

Así, la pregunta: ¿Hacia dónde va México? se vuelve más compleja. La respuesta dependerá, en buena medida, de cómo se gestionen estos desafíos. Si el gobierno logra mantener un equilibrio entre la transformación prometida y la preservación de las instituciones democráticas, se podría abrir un camino hacia un desarrollo más justo y equitativo. Sin embargo, si se opta por la descalificación, el infundio o el debilitamiento de las estructuras que garantizan la participación y la transparencia, corremos el riesgo de que el país se convierta en un campo de batalla ideológico, donde el populismo reemplace al diálogo constructivo, llevándonos a un punto de no retorno.

grmiranda77@gmail.com

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